El telescopio de Proust

El rencor se revela a veces como uno de los defectos más gozosos. Los mortales tenemos defectos reales, no como los famosos, que al ser preguntados por sus defectos responden cosas como «soy demasiado sincero» o «me entrego sin condiciones». Ser famoso conlleva una dosis imprescindible de alipori. Verán: ciertos escritores llevan décadas culpando aSigue leyendo «El telescopio de Proust»