Segunda edición y librofórum

Desde hace un par de semanas ya tienen ustedes disponible la segunda edición de La danza del oso. Didaskalos ha corregido erratas y mejorado (si cabe) la portada. Solo puedo agradecer cada lectura, cada comentario y cada petición de que la segunda parte aparezca prontito. Ah, y también me gustaría agradecer su presencia a todos los asistentes en la presentación de la librería Modesta.

La reproducción de la pintura de Altdorfer ha ganado definición y se han respetado los colores originales

Como también tengo que pedir excusas a quienes se quedaron fuera de Modesta, aprovecho para invitarlos a todos a una nueva presentación el miércoles 22 de abril a las 18:30 en el salón de grados de la Universidad Francisco de Vitoria (módulo 2 del Edificio Central, ahora llamado edificio Chesterton). Trataremos de adentrarnos en la medida de lo posible en el territorio del librofórum, sin desvelar nada del contenido de La danza, claro está.

La iniciativa se enmarca en la XI Semana del Libro de la UFV, cuyo cartel les dejo aquí. El libro, por cierto, ya se puede comprar en la tienda de la propia Universidad. Recuerden que parte del dinero destinado a su compra ayuda a sufragar la investigación del cáncer infantil en la Unidad de Oncopediatría de Hospital Universitario HM Montepríncipe.

Presentación de La danza del oso

Este viernes 6 de febrero de 2026 a las siete de la tarde estaremos el padre Felipe Carmena y servidor en Modesta Librería charlando con quien quiera acompañarnos del asombroso hechizo que es la literatura y, si queda tiempo, puede que de La danza del oso. Están todos invitados.

Modesta Librería está en Modesto Lafuente 31, en Chamberí (es castiza además de modesta). Si la conocen ya saben que siempre es buena idea asomarse por allí; si no la conocen, ya tienen dos motivos para ir este viernes: la librería y el padre Felipe.

Recuerden: viernes 6 de febrero. Modesto Lafuente 31, Madrid. 19:00 h.

La danza del oso

Los acontecimientos relatados en el primer volumen de La danza del oso recibieron la atención de cronistas e historiadores durante siglos, lo que unido a la entidad de los personajes que los protagonizaron explica el consenso en torno a los hechos los históricos, es decir, en torno al qué, pero lo que ignorábamos hasta la aparición de La danza era el cómo y el por qué, y a menudo incluso el quién.

En román paladino: nadie había tratado la fuga de Harcourt con la precisión y profundidad con que lo hace el autor de La danza del oso. Nos lo imaginamos consultando los archivos milenarios de Kowalina, la biblioteca privada de los Van der Geld hasta el último aliento del último candil. Es la misma luz que ahora arroja sobre hechos que habían flotado siempre en aguas intermedias, entre la realidad y la leyenda.

Sabíamos, por ejemplo, que el heredero del emperador Alexander, su alteza imperial el príncipe Klaus, desapareció de la corte de Kowalina siendo un adolescente, pero ¿cuál es la relación entre su ausencia y la aparición en el colegio de Harcourt de un tal Albert de Croÿ? ¿Por qué se apremió al condestable para que Albert superara el colegio y accediera a la academia militar y la universidad en solo unos meses? ¿Lo privarían los accidentes posteriores de vivir su destino? ¿Asaltarían los mercenarios enotrios Harcourt? ¿Existió realmente Girolamo di Renzo? ¿Para quién trabajaba? Esos son los hechos que se pierden en la noche de la historia, las aventuras que ignoran hasta los cuentacuentos más ancianos del continente.

El autor del manuscrito lo sabe, pues omite deliberadamente lo que ya aparece en otras historias y hasta nos remite a ellas, como ocurre con el Cantar del valle de Karnoed y la travesía de los escuderos de Harcourt que conocíamos por los trovadores burgundios.

No se hablará aquí de lo narrado en el libro. Corresponde al lector decidir si se atreve a aventurarse por la memoria de aquel tiempo, si acepta el reto de asomarse al Colmillo del Dragón o cazar al Viejo Hans; si cruza el canal de Breizh con Sendulla y Parsley o si se inmiscuye en los asuntos de Estado de la emperatriz Zelinda. No estropearemos aquí el gozo de esa lectura, de esa aventura; corresponde al lector afrontarla junto a un fuego acogedor y una pipa bien cebada.

P. S.: Nuestros detectives han encontrado un alijo con ejemplares del libro aquí.