Que viene Trump

Ahora va a resultar que hasta el martes vivíamos en un mundo ilustrado. Que leíamos todos el New York Times. Que cada cual buscaba un hueco en su agenda para releer a Madison y retomar el Tractatus de Wittgenstein. Vengayá. Trump es un desastre porque el mundo en que vivimos es un desastre, y de lo que se trata es de bregar cada día para que lo sea un poquito menos. No podemos tragar con las audiencias de Telecirco y luego rasgarnos las vestiduras cuando la sangre llega al río.

Todo esto me recuerda a la visión que prevalece sobre los nazis: a los pobres alemanes de entreguerras les lavó el cerebro Hitler y cuatro amigos. No, hombre, no. El racismo en general y el antisemitismo en particular estaban arraigadísimos no solo en Alemania, sino en todo Occidente. Observen, amigos:

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A la derecha: «Detened la dominación judía de los americanos cristianos»

¿Berlín? No. Madison Square Garden, Nueva York, 1939. 22 000 almas. Y no se pierdan la siguiente vista parcial:

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Cosas veredes, amigo George

No es mi tesis que el racismo siempre estuvo latente en EEUU y que ahora sale a la luz. No voy a eso. De hecho:

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1938, Luna Park de Buenos Aires, 20 000 pibes

Y no hay que irse tan lejos: el lunes pasado uno de los líderes políticos que nos asuelan tuiteó «Hoy es el 99 aniversario de la revolución rusa de 1917; una revolución contra ‘El Capital’. Paz, Pan y Tierra». Acompañado de una imagen de Lenin, conocido demócrata. Para el muy analfabeto (o muy malvado), el régimen comunista es sinónimo de paz, pan y tierra. La tierra donde descansan en paz los millones de ucranianos a los que Stalin mató de hambre robándoles su propio pan, supongo.

¿Adónde voy, entonces? A que el ser humano es bastante salvaje. A que la maldad está en nosotros y de cuando en cuando alguien sabe sacarle partido. A que la última guerra en Europa no terminó en los Balcanes en 1999, como he estado a punto de escribir, sino que sigue abierta en Ucrania. A que si algunos insistimos tanto en la educación, en la importancia de la filosofía como fuente de conocimiento y de la Filosofía como asignatura, no es porque quede bonito, sino porque es estrictamente necesario. Porque la cabra tira al monte y el zoon politikon a la trinchera. Claro que lo de Trump es un desastre, pero el desastre no ha empezado con Trump. El desastre no empezó nunca, bien pensado, porque nunca terminó, porque no hay solución de continuidad en el espectro de horrores que el hombre ha protagonizado desde que el mundo está ligeramente achatado por los polos. Me parece pelín hipócrita tanta cara de sorpresa por el resultado del martes. Como si viviéramos en el Elíseo.

Cuando las barbas de tu vecino…

Antes de que esta Edad Media que se cierne sobre nosotros se vuelva demasiado oscura necesitamos otra Ilustración. Necesitamos renovar el paquete de certezas que nos hizo un poquito más humanos, necesitamos plantar cara al nefasto pensamiento débil que ha terminado por proscribir el conocimiento y legitimar la estupidez disfrazándola de tolerancia. La historia nos recuerda cada cierto tiempo que no todas las ideas son respetables; pero para cuando eso ocurre ya es demasiado tarde porque ya han ganado los malos.

Esta vez no nos salvarán abstrusas disquisiciones filosóficas sino actitudes concretas.  No es tolerable que se prohíba estudiar —para la mitad de los alumnos ni siquiera es optativa— Historia de la Filosofía, una asignatura cuyo sentido último es enseñar a pensar. No es tolerable la pueril e infame huelga de deberes que se planteó hace una semana. No es tolerable que los profesores cometamos faltas de ortografía. No es tolerable que nuestros adolescentes no entiendan textos de cierta complejidad ni sepan encadenar tres frases.

Los políticos no van a hacer nada por nosotros. Si no recuperamos el sentido del conocimiento humano alguien terminará por aprovecharse de ello.

 

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Para ese viaje no hacían falta alforjas

Pero hombre, Pablo. Para tan brillante conclusión no hacían falta másteres ni doctorados; ni siquiera grados en Políticas. Vosotros, que encarnáis lo más flamante de la intelectualidad, lo más moderno de la postmodernidad, que citáis sin rebozo a Benjamin, Lukács o Chomsky. Vosotros, que lo mismo explicáis la plusvalía que comentáis la reificación, que os movéis como pez en el agua entre los textos más abstrusos de la escuela de Fráncfort.

Todo para esto. Para descubrir que la muerte del otro lo soluciona todo. ¡Pero si eso ya lo sabía Stalin! Y Hitler. Y Mao. Y Videla. Hasta tu admirado Otegi te lo podía haber explicado.

Dirás con razón que tú personalmente no has tuiteado «ojalá se mueran los viejos». Pero déjame establecer alguna relación entre la violencia de tus seguidores gerontocidas y la violencia que te emocionaba aquí (la paliza a un policía). O cómo impediste que Rosa Díez (fascista de toda la vida) hablara en la universidad aquí. Esa sí es tu luenga guedeja, pillín.

Hoy has dicho que no ganasteis el domingo por el «miedo a que gobierne lo nuevo». Yo creo que es miedo a que gobiernes tú. Claro que el PPSOE es un problema. Claro que la oligarquía es densa y sospechosa. Pero son las personas las que hay que cambiar, no el sistema democrático y constitucional que es nuestro mayor logro como sociedad. Y tú, bajo tu piel de cordero socialdemócrata, eres un lobo antisistema y radical. Claro que das miedo, Pablito. Más miedo que un nublao.

 

PS: También parece tener miedo el portavoz del PSOE de Cádiz al que han insultado y amenazado los amigos de Kichi en el Pleno de esta mañana.