¿Por qué se presentan los mismos?

Imaginemos que me tiro dos meses intentando convencerles, amables lectores, de que me elijan para llevar a cabo un determinado trabajo. Digamos, por ejemplo, que el encargo consistirá en renovar las farolas de su ciudad. Para lograr ser elegido no escatimo en gastos (gastos que pagan ustedes, por otra parte) ni en pesadez: pinto las ciudades con mis colores y voceo mis bondades a través de cuantas alcachofas ponen a mi disposición.

Me eligen, claro, pues ustedes son personas con buen criterio pero, llegado el momento, y ante lo hercúleo de la tarea (elegir un modelo de farola) entono con Bartleby un lacónico «preferiría no hacerlo». No me niego en el acto, claro, sino que me paso otros dos meses mareando la perdiz. Que no sé, que no puedo, que no quiero. Que sí, que no. Que caiga un chaparrón.

would

El caso es que seguiríamos sin farolas. A oscuras, sin un triste farol para buscar hombres honestos con Diógenes. Así que se volvería a plantear la necesidad de encontrar a alguien que se hiciera cargo del asunto de las farolas. ¿Y qué hago yo entonces? ¡Volverme a postular para el cargo! ¡Volver a utilizar su dinero (el suyo, el de ustedes) para hacerme de nuevo publicidad! ¿Qué pensarían ustedes de mí? Sinvergüenza sería lo más suave que pasaría por sus mentes.

Pues eso va a ocurrir próximamente en sus pantallas. Los 350 inútiles (a las pruebas me remito) que no han logrado llevar a cabo la función para la que se postularon vuelven a presentarse en su mayoría. Ni siquiera tenían que ponerse todos de acuerdo. Solo 176 en primera votación y una triste mayoría simple en segunda.

Hay una pequeña diferencia respecto al tema de las farolas. Ustedes nunca volverían a elegirme, por golfo, pero todo parece indicar que ellos sí volverán a pillar poltrona.

 

Anuncios

Entendiendo el 20-D

polls

Como veo cierta confusión, voy a poner a vuestro servicio mis nociones de C. Políticas para explicaros la situación:

1. Han ganado los que han quedado terceros, los que hablan rapeando. Los demás han perdido, incluidos los que han quedado primeros.

2. Los resultados se comparan con los anteriores, salvo en el caso de los que han quedado cuartos, que se comparan con unas encuestas hechas a voleo.

3. Las mayorías absolutas son malas, pero el pluralismo tampoco parece gustar mucho.

4. En un día pueden votar 25 millones de personas y sus votos pueden ser contados en tres horas, pero hacen falta dos meses para que 350 personas elijan al delegado de clase.

5. El único que reconoce estar decepcionado es el que ha quedado quinto en votos y octavo en escaños. A él le cobran más caros los escaños. Puedes pensar que dividir el número de votantes entre el número de escaños sería lo más fácil, pero en política ni lo más fácil ni lo más razonable tienen buena reputación.

6. Si piensas que tu voto vale menos que otros piensa que en realidad puede que no haya valido nada: en 2011 casi dos millones y medio de votos se fueron al limbo por obra y gracia de las circunscripciones y el reparto de los restos.

¿Que quieres cambiar la ley electoral? Funda un partido político y gana las elecciones. Cuando las hayas ganado, piensa que lo has hecho gracias a esa ley electoral. Si entonces sigues queriendo cambiarla es que no eres un verdadero político.