El abismo que nos llama

En La mano (Alhulia, 2014) en seguida se hizo evidente que el padre Kerrigan era un scene-stealer de tomo y lomo. Pastor protestante con la sutileza intelectual del padre Brown pero con un sentido de la moral mucho más relajado, su capacidad para construir una ciudad de la nada en medio del territorio indio y resolver los problemas según se presentan nos empujan a querer saber más de él.

Así, en El abismo que nos llama (Alhulia, 2024) viajamos hasta la infancia de Oliver Kerrigan en Inglaterra 40 años antes, hacia 1823. Oliver llega a Milton House, condado de Gloucester, porque su tío, sir Herbert Huttfield, baronet, lo ha traído desde Irlanda. Eso permitirá a Oliver acudir a Woodchester Abbey, un prestigioso internado regido por benedictinos del que su tío es benefactor. Allí hará dos amigos: Rufus Hagen (hijo de un prestigioso abogado de Londres) y Oakley Kelke-Simmons, un carismático heredero a quien su cinismo no le impide citar la Biblia con profusión y exactitud.

Entre la inmensa biblioteca de Milton House, los combates de boxeo y partidos de algo que está todavía a medio camino entre el rugby y el fútbol, Oliver Kerrigan va superando el acoso que sufre en la casa y en el colegio, y participa con entusiasmo en los tejemanejes orquestados por los alumnos veteranos. Entonces cuando todo se precipita…

Es imposible contar más sin contar demasiado, pero lo que queda es ni más ni menos que el descubrimiento por parte del protagonista de la novela de la verdadera naturaleza de la libertad y lo que esta conlleva. Que la libertad es, en fin, un abismo, un abismo que nos llama…

Las deudas de Púgil con bombín. Los once últimos

Hay 33 relatos en Púgil con bombín. Los once primeros están aquí y los once centrales aquí. Estos son los once últimos:

Muerte de P estuvo a punto de llamarse La perla del Báltico.  De alguna manera está enlazado con El duelo y con La ausencia. La pena puede ser tan hermosa…

Los recuerdos de Arati Nakawa condensa una historia detectivesca que creo que habría gustado Philip K. Dick. Acabo de caer en la cuenta de que el profesor Garnius no existiría sin Hannibal Chew. Quién tuviera un mono roba-cerebros.

Hannibal-Chew
Hannibal Chew, trasunto del profesor Garnius

De cómo Sir Archibald mató al dragón (y este a su vez lo mató a él) le debe la puesta en escena a El maravilloso mundo de los hermanos Grimm, y es una contrafigura de Alonso Quijano: cambia quimera por conocimiento pero termina en las mismas.

Gótica 6 tiene un registro totalmente distinto a El señor Spider (que a su vez emparenta con La mano) pero tiene el mismo protagonista: una casa que mata. Ah, Flambeau se lo robé a Cherterton.

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Al señor Spider ya lo había espabilado el padre Kerrigan

El duelo a punto estuvo de dar título al libro, pero ahí el doctor Cremades estuvo perspicaz. Representa, en todo caso, el meollo de Púgil con bombín. No cabe hablar de él; solo leerlo.

Solo tengo diez minutos no es, como parece, un relato inacabado, pero hay quien no encuentra el espíritu de la montaña… Se trata de leer con atenta calma.

Me resulta muy especial Hacha de tala. No me gusta la literatura autorreferencial pero Hacha de tala lo es. Y el relato dentro del relato esconde alguna sorpresa, por cierto, que no me consta que haya sido descubierta. En cuanto a tuétano del libro, forma pareja El duelo.

De un hombre pobre fue publicado en este blog. Es un homenaje casi plagiario al Siddharta de Hermann Hesse.

El coleccionista trata la única grandeza posible: la de las cosas nimias. Solo cabe poner el alma en lo que el ocaso se llevará de un soplo.

La clave de La ausencia me llegó en un escalofrío. Acaso el tema haya sido tratado pero Eduardo le da otra vuelta de tuerca.

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