(Antes de salir al campo en un partido cualquiera, vestuario del Real Madrid). Flóper entra con las manos a la espalda, viste levita negra y chistera. Su rictus no muestra ira: es más bien el ademán burocrático con el que un portero de finca barre un descansillo. Detrás entra Butragueño vestido de monaguillo. El titoSigue leyendo «No hace falta echarlos a todos»
