Que conste que a mí me gustaría escribir sobre lo sorprendentemente buenos que son los relatos del Oeste de Dorothy M. Johnson (entre ellos Un hombre llamado Caballo y El hombre que mató a Liberty Valance, ahí es nada), pero me debo a mis lectores y mis lectores piden Trump.
Yo no sé mucho sobre el susodicho, salvo que hace en público los comentarios y chistes que la gran mayoría de la población hace en privado (¿verdad, Pablito?), pero hoy le he oído decir, hablando del muro, que nadie construye como él y me he acordado de Robert Moses, de quien sé un pelín más. Moses era un energúmeno cortado por el mismo patrón que Trump («Nadie está contra este plan, nadie salvo un puñado de madres») que llegó a reunir doce cargos públicos y que entre 1924 y 1968 construyó en Nueva York más puentes, túneles, piscinas, autopistas, playas y parques de los que se han construido allí en los últimos 50 años. En 1936, por ejemplo, inauguró 11 piscinas gigantescas que podían acoger en total a 66000 bañistas.

Su visión implicaba que la construcción de infraestructuras generaba empleo, activaba la economía y mejoraba la vida de los trabajadores. En lugar de hablar, construía («Los que pueden, construyen; los que no, critican»). Se le tachó de populista (igual que a Trump) mientras él renegaba de toda ideología (igual que Trump). Fue políticamente incorrecto, clasista, racista y machista. Y cambió la fisonomía de Nueva York. Era, sobre todo, un conseguidor. Utilizaba la política de hechos consumados a menudo (empezaba la obra con o sin fondos, porque para cuando alguien protestara ya sería más costoso pararla que terminarla). Sacaba presupuesto de donde no lo había y aceptaba sobornos si era menester. Si había que eliminar manzanas de viviendas enteras, se eliminaban. El fin justificaba cualquier medio. No era, como se ve, un alma cándida, pero el hecho es que sus puentes y túneles son cruzados cada día por millones de personas.
«Cuando actúas en una ciudad sobreconstruida, tienes que abrirte camino con un hacha de carne».
Robert Moses (angelito)
En 1974 una biografía sobre él (The Power Broker, de Robert Caro) lo ponía fino, pero una más reciente, de 2007 (Robert Moses and the Modern City, de Hilary Ballon y Kenneth T. Jackson) le reconoce su enorme influencia sobre lo que hoy conocemos como Nueva York.

Trump repite cada vez que puede que él no es un político, como no lo era Moses. Ser un político es, hoy en día y sobre todo, no hacer nada. No estoy pensando (solo) en el tancredismo de Rajoy, sino en los altos estándares de bienquedismo que la corrección política impone. No opinar, no comprometerse, no actuar. No construir, que diría Moses. Por si alguien se enfada. Quedar bien con todo el mundo conduce a la inoperancia. Siguiendo con el símil constructivo, se tardó casi 15 años en ponerse de acuerdo sobre la reconstrucción de la zona cero. Moses habría tardado 15 días.
«Si eliges un alcalde estrella tendrás una administración de comedia musical».
Robert Moses
Moses fue el principal responsable de que la periodista, escritora y activista Jane Jacobs se convirtiera en adalid de un modelo distinto de ciudad, de escala más pequeña, de barrios tradicionales, transporte público… más sostenible, que diríamos hoy. Los valores que la clase media urbana ilustrada prefiere porque puede permitirse preferirlos. Los demás, los que por un motivo u otro no tienen elección (y son legión desde 2008), los que han vuelto a centrar sus preocupaciones en la base de la pirámide de Maslow o simplemente siguen respondiendo a lo que EEUU ha sido siempre (el paroxismo capitalista), parecen preferir la acción antes que la pose, la excavadora antes que la bici, el desarrollo económico antes que la conciencia.
La política que nos ha tocado sufrir consiste en intentar hacer tortillas sin romper los huevos, y parece que la gente empieza a hartarse de que cuando el político-trilero termina el truco, el plato aparezca vacío. A Trump lo han hecho presidente los de enfrente, si se me permite la rima. La culpa de Trump es de los demás.
«Abandoné hace mucho la idea de que la educación superior es necesaria para el éxito y la felicidad. No todo lo que crece en los invernaderos del conocimiento es comestible».
Robert Moses
P. S.: Maravilloso ayer Errejón mirando a su alrededor y no viendo ningún partido populista…