Dice el padre Miguel que los adultos somos niños estropeados. Cuando niños disponemos de la sabiduría pero nos faltan los conocimientos. Tenemos muy claro qué es lo importante y a ello nos dedicamos con fruición: dar patadas a las piedras, saltar sobre los charcos y autoinfligirnos un número indefinido de cardenales y luxaciones con métodos de lo más divertido. Sin ton niSigue leyendo «La memoria del mundo»
