Nuestras madres nos enseñaron que las relaciones humanas son como jarrones de la dinastía Ming: algunas palabras, por pronto que se retiren, las rompen para siempre. Podemos pedir perdón, podemos intentar pegarlas, pero ya nunca es igual, porque somos seres, en esencia, idealistas. Y es que no se pueden pasar por alto ciertas cosas. SiSigue leyendo «¿Qué podemos aprender de la actitud del club que soborna a los árbitros?»
