Yo votaré sí. (El cetro de los Pujol)

Nota praevia #1: Que conste que al romántico anticuado que vive dentro de mí le encantaría que todo el mundo se independizara y Europa fuera una amalgama de Syldavias tradicionalistas y vernáculas, con sus platos típicos y sus cetros de Ottokar. Práctico no sé si es, pero todo lo que camine en sentido contrario del pensamiento único y la uniformidad es bancado en este blog. Ocurre que, de momento, las cosas están como están.

Nota praevia #2: Si usted tiene el más ligero conocimiento sobre cómo se organiza una sociedad civilizada, quizá encuentre tautológica la presente entrada. Pero es que empiezo a pensar que algunos de los voceros del procés realmente se creen lo que dicen.

He aquí las perlas:

«En una democracia no hay que tener miedo a las urnas»

Ni a los perros con bozal. Esa es una de las frases que no significan nada pero suenan mucho. El problema no son las urnas, es que la Constitución nos reserva a todos la potestad de convocar los referendos. No solo a los García ni a los Mas. A todos, a través de sus representantes. La democracia no está en contra de que se vote. Está en contra de que se viole la ley. A mí, por ejemplo, la independencia de Cataluña no me parece mala idea (así saciaría mi curiosidad sobre qué pasa en Cáceres; en casi 40 años viendo telediarios nunca me han contado qué pasa en Cáceres), pero el problema es que solo las Cortes podrían convocar ese referendo y de momento no lo han hecho (así que seguirán siendo parte de España y yo seguiré recibiendo mi información regional exclusivamente sobre Cataluña).

«España no es una verdadera democracia»

España es una democracia más que respetable. No lo digo yo (que también) sino la Unidad de Inteligencia de The Economist, que suena mucho más rimbombante. De hecho, ellos utilizan la expresión «democracia plena», con 8,30/10. Solo diré que nos coloca a solo 6 centésimas del Reino Unido (son ingleses) y por delante de Japón, Estados Unidos o Francia. De hecho, es el marco jurídico español el que da cobertura a los derechos y libertades en Cataluña. Hay democracia en Cataluña porque Cataluña pertenece a España. Si formara un Estado nuevo, la tendría o no en función de su ordenamiento. E insisto, a mí no me importaría que lo formara, pero sin saltarse la Constitución de mi país, que entre otras cosas tuvo un apoyo en Cataluña del 90,46 %.

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«Derecho a decidir de los pueblos y de la gente»

Los lectores de este blog (los dos) saben de mi veneración por el jacobino de la coleta. Monte su propio pensamiento político con solo 140 caracteres. Entre la frase que da título a este epígrafe y «la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado», dista un abismo, hay más de dos mil años de filosofía política. Frente al eslogan escuálido del montañés de la perilla , el trocito de nuestro artículo 1 supone un buen pedazo de jugoso solomillo. Ahí dentro están Altusio y su contrato, el iusnaturalismo de Hugo Grocio, la utopía de Tomás Moro, Hobbes  y su descreído Leviatán, y Locke y Montesquieu y Hegel y Bentham. Pero claro, ahora que hemos decidido ser vacas, ahora que tener cualquier tipo de conocimiento nos parece pernicioso, más vale tragarse una coletilla insustancial que intentar subirse a hombros de gigantes, con el vértigo que debe de dar eso. Otra cosa no, pero qué bien nos conoce el novio de la Montero.

Europa-de-las-naciones

El paraíso de Tintín. Como puede verse, lo del derecho a decidir no procede para valencianos ni baleares. Adivine, por otra parte, quién pagó al cartógrafo (en efecto, usted)

«España nos oprime»

Mire, esto es cierto. España, a a través de la Generalidad de Cataluña (que forma parte de la Administración española) y de sucesivos gobiernos del PPSOE inoperantes, oprime a millones de catalanes que no pueden educar a sus hijos en español en centros públicos, lo que lesiona gravemente sus derechos constitucionales. Francamente, no veo más opresión que esa (o en ese sentido), aunque bien tratarse de uno de los efectos de mi ignorancia.

En realidad no es un problema de nacionalismo ni de opresión ni de encubrir el latrocinio de la dinastía Pujol. Se trata de la prevalencia del Estado de Derecho, del imperio de la ley sobre otras formas de sindiós, por la razón empírica de que es la manera de organizarnos menos proclive a que nos midamos el lomo. En lo que estaban de acuerdo los próceres antedichos es que en ausencia de ley suele cundir el guantazo.

PD: No hay que venirse abajo. Todo es aprovechable, de todo se puede aprender. ¿Que qué se puede sacar en claro de cómo los sucesivos gobiernos de España han malcriado a los independentistas? Una parábola, fábula o ejemplo, cuya moraleja es especialmente útil si se tiene trato con hijos adolescentes: hacer concesiones sin ton ni son no contribuirá a aumentar su popularidad, sino a que le tomen por el pito del sereno. Ser justos y firmes, en cambio, no solo nos acerca a nuestros objetivos sino que a la larga nos reporta agradecimiento.

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2 comentarios en “Yo votaré sí. (El cetro de los Pujol)

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