No eres especial y sabes muy poco

y ahora, si le pones voluntad, quizá podamos solucionar una de las dos cosas.

Te habrá sonado un poco brusco, querido alumno adolescente, porque estás acostumbrado a que el mundo hipócrita y mercadotécnico que estamos construyendo te haga la rosca con mensajes wonderful hasta que te los creas. «Eres único», «los sueños se cumplen», «tu mundo, tus reglas», «que no apaguen tu luz interior». Que por mí estupendo si tienes una luz interior, pero mi tarea es que distingas entre un adverbio y los Reyes Católicos.

No es este el momento ni el lugar para explicarte por qué es importante que sepas algo, pero, aun en el caso de que lo mejor fuera que no supieras nada, mi obligación es que sepas cosas. Soy profesor, no coach ni gurú ni chamán ni youtuber. Tampoco soy fontanero ni empleado de banca. No soy mejor ni peor que ellos; simplemente mi meta es distinta.

Porque de ahí venga quizá el problema, de que a nosotros la postmodernidad ya nos contó aquello de realizarnos y ser especiales, elegidos, únicos en nuestro género. Destinados a las estrellas. Y entonces decidimos que para qué ser profesores si podíamos ser algo más, si podíamos atender a la especificidad de nuestros alumnos como seres de luz y ocuparnos de su psique, su emotividad, su déficit de atención (en los nuevos modelos viene de serie) y su confusión identitaria.

Una escuela para niños y niñas. Jan Steen, 1670

El resultado de todo esto es que no sabes leer. Dime la capital de Finlandia, el año en que cae Constantinopla o un pretérito anterior. Pues eso. Dime qué significa periferia.

Son las milongas que nos contaron (¿para qué enseñar el gerundio si puedo cambiar el mundo?) las que te están vaciando de contenido. Mi labor es devolvértelo, y por eso quiero llegar a un punto de partida que escandalizará a los pacatos, pero que representa mi compromiso contigo. No sabes gran cosa, pero vamos a intentar que eso cambie. Aunque tenga que explicarte un millón de veces por qué «Me» no nos sirve como sujeto.

De la otra parte no te preocupes: no eres especial, ni yo tampoco, pero eso está bien. Compartes con los demás tu condición de ser humano (y eso sí es un privilegio) y muchas otras cosas, y aunque el final del siglo XX nos haya colado que lo más importante del mundo es nuestro ombligo, si me das tiempo te enseñaré la sutileza del aurea mediocritas y la sabiduría de la fanfarria para el hombre común. Y otras cosas vitales: el participio de freír. Rebeca. Esto. Por qué decir *dámele es dar un paso hacia el mono que fuimos.

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