Entendiendo el 20-D

polls

Como veo cierta confusión, voy a poner a vuestro servicio mis nociones de C. Políticas para explicaros la situación:

1. Han ganado los que han quedado terceros, los que hablan rapeando. Los demás han perdido, incluidos los que han quedado primeros.

2. Los resultados se comparan con los anteriores, salvo en el caso de los que han quedado cuartos, que se comparan con unas encuestas hechas a voleo.

3. Las mayorías absolutas son malas, pero el pluralismo tampoco parece gustar mucho.

4. En un día pueden votar 25 millones de personas y sus votos pueden ser contados en tres horas, pero hacen falta dos meses para que 350 personas elijan al delegado de clase.

5. El único que reconoce estar decepcionado es el que ha quedado quinto en votos y octavo en escaños. A él le cobran más caros los escaños. Puedes pensar que dividir el número de votantes entre el número de escaños sería lo más fácil, pero en política ni lo más fácil ni lo más razonable tienen buena reputación.

6. Si piensas que tu voto vale menos que otros piensa que en realidad puede que no haya valido nada: en 2011 casi dos millones y medio de votos se fueron al limbo por obra y gracia de las circunscripciones y el reparto de los restos.

¿Que quieres cambiar la ley electoral? Funda un partido político y gana las elecciones. Cuando las hayas ganado, piensa que lo has hecho gracias a esa ley electoral. Si entonces sigues queriendo cambiarla es que no eres un verdadero político.

Un puñado de incómodas verdades (homenaje a Bierce) (I)

a

Actor, triz. m. y f. Sujeto sin personalidad al que resulta reconfortante creer, durante la grabación de una película o la representación de una obra de teatro, que tiene un fuerte carácter o una vis cómica.

Amistad. f. Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro. Imaginamos que el tesoro es para compensar.

Ascensor. m. Ataúd amplio forrado de espejo.

Autodidacta. adj. Que se basta a sí mismo para experimentar el sopor. La RAE admite autodidacto, pero no es de fiar: también admite cruasán.

 

Por qué no publicar en digital

Caja

  1. Comenzar a editar música en formato digital causó el desplome de las ventas. ¿Qué hizo la industria editorial al verlo? Comenzar a editar en digital. Bravo.
  2. La calidad del producto. Sacar a la venta un título conlleva (al menos en las editoriales que merecen ese nombre) una serie de procesos realizados por el bien del lector. Hay una persona, por ejemplo, preocupada por cosas tan nimias como que la misma palabra no aparezca en la misma posición en dos renglones consecutivos, pues se considera que esa circunstancia entorpece la lectura. En un libro electrónico un mero cambio del tamaño de letra descuadra toda la maquetación, así que no merece la pena corregir ni maquetar con esmero.
  3. Imagina a James Bond con un smartwatch. Exacto. El libro como objeto, como fetiche. Ah, y las bibliotecas. Este argumento lo explica mejor que yo Carl Spitzweg en El ratón de biblioteca:Biblio
  4. La mera existencia de los gurús de lo digital: argumentos como «No puedes oponerte al progreso», más allá de la grima que dan, encierran la sumisión a uno de los paradigmas preferidos por las élites político-económicas que nos dirigen (hacia el abismo): lo que tenga que pasar (porque lo decida la industria) pasará. Resígnate. Y un cuerno.
  5. En formato digital, un libro de Paulo Coelho ni siquiera sirve para calzar una mesa.mesa
  6. El libro es el objeto que mejor representa lo que la humanidad tiene de memorable. Que ese logro intelectual siga ocupando un lugar material coadyuvará a preservar los esplendorosos efectos de ese logro. Porque la memoria se ayuda del lugar (ver Genius loci, de Christian Norberg-Schulz). Volver a tomar un libro en nuestras manos y pensar «aquí fui feliz». Seamos felices.

Sobre qué cosa sea la literatura

mirror

Va, seamos francos. Luego vienen Crimen y castigo y el Ulises y Murakami y hasta Foster Wallace si hace falta (que hace), pero lo que a muchos nos inoculó el veneno fue leer a Dumas y a Verne y a Ende y a otros por el estilo.

La primera vez que robamos aquel libro de las serpientes enroscadas y nos subimos al desván del cole (hacía un frío pelón) lleno de esqueletos y ratones y nos fumamos las clases y el aburrimiento. O cuando entramos en París con D’Artagnan. O al sobrevolar África en globo. En ese momento nos hicimos lectores.

Lo digo porque hay ensayos novelados que nos la quieren dar con queso. Magistrales, muchos de ellos. Libros que pueden cambiarte la vida. Huxley. Orwell. Houellebecq. Novelas de tesis, en su mayoría. Pero que no envenenan. El veneno es otra cosa.